viernes, 26 de noviembre de 2010

Villar de Cienfuegos

Esta pequeña aldea, cimentada en un peñasco en las laderas que descienden desde el alto de la Cobertoria, es el único pueblo del concejo, y quizás de Asturias, que no tiene hórreos. Esto se debe a que en 1899 un tremendo incendio, provocado por un desgraciado accidente, arrasó el pueblo y muchos montes circundantes. No obstante, aunque sus desamparados habitantes nunca reconstruyeron los hórreos y paneras que allí hubo, si reedificaron sus casas manteniendo el estilo tradicional asturiano: paredes de piedra, corredores volados de madera. Es una aldea muy pintoresca en la que parece que el tiempo se ha detenido a finales del siglo XIX.
 Existe una leyenda que atribuye el incendio a una maldición de unas monjas que, habiendo residido en el lugar muchos años, fueron expulsadas de allí por los vecinos, descontentos con ellas. Las monjas maldijeron a Villar, asegurando que tres veces sería arrasado por las llamas. Que sepamos, el de 1899 fue el segundo incendio, o sea que aún queda un tercero por venir, que esperamos que nunca llegue.
 Villar se divide en barrios: la Vicha arriba, la Vicha abaxo, La Andeta, La Fonte baxo, El Chenu, La Casa Viecha, La Calecha, El Cantón, El Nozalín, La Capilla, El Fontín, L´Uteiru.

Rincón de Villar En la parte baja del pueblo (la "Villa de abajo") encontramos algunas casas de piedra con balconadas de madera, pero las edificaciones más tradicionales se encuentran en la parte alta ("Villa de arriba"). Allí está también la principal fuente del pueblo, la Fonte d´Arriba, con el tradicional lavadero que hoy ya no se utiliza.
 Villar conserva una capilla en ruinas, que estuvo dedicada a Santa Teresa, y que sustituyó en 1905 a la anterior destruida por el incendio. Esta capilla pertenecía, junto con muchas fincas buenas del pueblo, a la familia de los Galcerán Valdés, últimos señores que residieron en el Palacio de Llanuces, hoy dedicado a alojamiento de Turismo Rural.
 También existía un molino que los vecinos utilizaban por turnos. Sus ruinas, incluyendo parte de la maquinaria original, están cerca del pueblo, en el arroyo llamado Berbitón o de La Cuesta.
Villar 1992

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